LAS RESPONSABILIDADES DE LOS PADRES PARA
CON SUS HIJOS
Por Richard Baxter (Predicador puritano autor del famoso libro: “El Pastor
Reformado”)
De: Las Obras Prácticas de Baxter, Vol. 1, Un Libro Cristiano de Instrucciones,
acerca de Economía Cristiana, Cap. X, pp. 449-454
CAPITULO X
(Vea también: Las Responsabilidades Especiales de los Hijos para con sus
Padres)
Parcialmente les he contado a Uds. antes de cuán grande es la importancia de
la educación sabia y santa de los hijos para la salvación de sus almas, para el
alivio de sus padres, para el bien de la iglesia y el estado, y para la felicidad
del mundo; sin embargo ningún hombre es totalmente capaz de expresar esto
bien. Y ningún corazón puede concebir cómo el mundo ha fallado en el
abandono de esta responsabilidad y cuán grande es esta calamidad; pero
aquellos que piensan en el estado en que se encuentran las naciones
paganas, infieles e impías, y cuán escaso es el crecimiento de la verdadera
piedad, y cuántos millones deben permanecer en el infierno para siempre,
sabrán mucho más acerca de esta inhumana negligencia como para llegar a
aborrecerla.
Directriz I. Entended y lamentaos del estado corrompido y miserable de
vuestros hijos, el cual han derivado de Uds., y agradecidamente aceptad el
ofrecimiento de un Salvador para Uds. mismos y para ellos, y entréguenlos y
dedíquenlos absolutamente a Dios en Cristo en el pacto sagrado, y solemnizad
esta dedicación y pacto por medio de su bautismo [1] Y para este fin entended
el mandamiento de Dios para que entren vuestros hijos solemnemente en
pacto con Él, y las misericordias pactales que por tanto les pertenecen a ellos.
Rom 5:12,16-18; Efe 2:1,3; Gén 17:4, 13, 14; Deut 29:10-12; Rom 11:17, 20;
Juan 3:3, 5; Mat 19:13, 14.
No podéis dedicaros vosotros mismos sinceramente a Dios, a menos que
dediquéis a Él todo lo que es vuestro y lo que se encuentra bajo vuestro poder;
y por lo tanto, vuestros hijos, en tanto que ellos se encuentren bajo vuestro
poder. Y como la naturaleza os ha enseñado que vuestro poder y vuestra
responsabilidad para hacerlos entrar durante sus infancias en relaciones con
los hombres, lo cual es ciertamente para su propio bien; (y si ellos rehúsan las
condiciones al llegar a la mayoría de edad, entonces también abandonan los
beneficios;) de la misma manera la naturaleza os ha enseñado mucho más a
obligarles con respecto a Dios para su bien mucho mayor, en caso que Él les
admita entrar en pacto con Él. Y de que Él les admitirá en Su pacto (y de que
vosotros debieseis introducirlos en el pacto), está fuera de duda por la
evidencia que la Escritura nos da, que desde el tiempo de Abraham hasta
Cristo esto fue así con todos los hijos de Su pueblo; ningún hombre puede
probar que antes del tiempo de Abraham, o desde ese tiempo, Dios haya
tenido alguna vez una iglesia sobre la tierra de la cual los hijos infantes de sus
siervos (si los tenían) no fueran miembros dedicados en pacto para con Dios,
hasta en estos tiempos en que unos pocos comenzaron a tener escrúpulos
sobre la legalidad de esto. Y es un confort para vosotros, si el Rey quisiese
concederle a vuestros hijos infantes (quienes fueron manchados por la traición
de sus padres) no solamente una total liberación y limpieza de la mancha de la
ofensa, sino también los títulos y condiciones de señores, aunque ellos no
entiendan nada de esto hasta que vengan a tener una mayor edad; así es para
vosotros un asunto de mayor confort, para bien de ellos, que Dios en Cristo les
perdone de su pecado original y los tome como Sus hijos y les de posesión de
vida eterna; que son las bendiciones de Su pacto.
Directriz II. Tan pronto como ellos sean capaces enseñadles en qué tipo de
pacto han sido introducidos, y cuáles son los beneficios, y cuáles son las
condiciones, para que sus almas puedan alegremente consentir a ello cuando
lo entiendan; y vosotros podáis traerles seriamente a renovar su pacto con
Dios en sus propias personas. Pero, la orden completa de enseñar tanto a sus
hijos como a vuestros siervos, os la daré personalmente.
Directriz III. Entrenadles en exacta obediencia a vosotros mismos, y entrenad la
voluntad de ellos. Para tal fin, no les toleres que se conduzcan de manera
irreverente y contumaz para con vosotros; sino entrénales a que guarden su
distancia. Pues demasiada familiaridad produce desdén y estimula a la
desobediencia. El curso común de los padres es complacer a sus hijos por
tanto tiempo, dejándoles tener lo que ansían y lo que quieren, hasta que sus
voluntades están tan acostumbradas a ser satisfechas que no pueden soportar
que nada se les niegue; de esta manera no pueden soportar tampoco el
gobierno, debido a que no pueden soportar que nada se cruce con sus
voluntades. Ser obedientes es renunciar a sus propias voluntades, y ser
regidos por las voluntades de sus padres o gobernadores; por lo tanto,
acostumbrarles a que hagan su propia voluntad es enseñarles desobediencia,
y a endurecerles y acostumbrarles a la imposibilidad de obedecer. Enseñadles
a menudo, en un contexto familiar y de manera amorosa acerca de la
excelencia de la obediencia, de cómo esta complace a Dios y sobre la
necesidad que ellos tienen de ser gobernados, y cuán incapaces son ellos
para gobernarse a sí mismos, y cuán peligroso es para los niños el que
establezcan su propia voluntad; habladles a menudo de la gran desgracia de la
obstinación y la terquedad, y contadles acerca de otros que se están
convirtiendo en niños obstinados y de voluntades endurecidas.
Directriz IV. Haz de ellos ni demasiado intrépidos para contigo, ni demasiado
extraños o temerosos; y gobiérnales no como a siervos sino como a niños,
haciendo que perciban que les amas profundamente y que todos tus
mandamientos, restricciones y correcciones constantes son para su bienestar y
no meramente por tu propio gusto personal. Deben ser regidos como criaturas
racionales que se aman a sí mismos y a aquellos que les aman. Si ellos
perciben que tú les amas profundamente te obedecerán con mayor disposición
y será más fácil el que sean traídos a arrepentimiento por sus desobediencias,
y también te obedecerán tanto en el corazón como en las acciones externas,
detrás de tus espaldas y al frente de tu rostro. Y el amor de ellos hacia ti (que
debe ser causado por tu amor hacia ellos) debe ser uno de los medios
principales para traerles al amor de todo lo bueno que tú les encomiendas; y
así, conformar sus voluntades sinceramente a la voluntad de Dios y hacerles
santos. Pues, si eres demasiado extraño a ellos, y demasiado terrible, ellos
solamente te temerán, y no te amarán mucho; y entonces no amarán los libros
ni las prácticas que tú les recomiendas, sino que al igual que los hipócritas
buscarán complacerte en tu cara, y no les importará lo que son en secreto y a
tus espaldas. En verdad esto les tentará a aborrecer tu gobierno y todo aquel
bien hacia el cual les persuades, y les harás como aves en una jaula que
buscan la oportunidad de escapar y obtener su libertad. Ellos se deleitarán en
la compañía de gente común y de niños holgazanes, porque tu terror y sentido
de extrañeza les hicieron no deleitarse en lo que es tuyo. Y el temor les
convertirá en mentirosos, en tanto que una mentira les parezca necesaria para
obtener su escape. Los padres que muestran mucho amor a sus hijos pueden
con seguridad mostrar severidad cuando ellos han cometido una falta. Pues
entonces ellos verán que es solamente la falta de ellos la que te desagradó y
no sus personas; y tu amor les reconcilia contigo cuando son corregidos;
cuando los padres que son siempre como extraños y severos aplican una
menor corrección - y no les muestran tierno amor a sus hijos - esto los alienará
y no les hará ningún bien. Demasiada intrepidez y atrevimiento por parte de los
niños les dirige, antes que te des cuenta, hacia el desprecio por los padres y
hacia toda desobediencia; y demasiado temor y distanciamiento les priva de la
mayoría de los beneficios de tu cuidado y gobierno: pero el tierno amor, con
severidad solamente cuando hacen lo incorrecto, y esto a una distancia
conveniente y reverente, es la única manera de hacerles el bien.
Directriz V. Trabaja mucho para poseer sus corazones con el temor de Dios, y
una reverencia a las santas Escrituras; y luego, cualquier labor que les
encomiendes, o cualquier pecado que les prohíbas, muéstrales para ello
algunos textos urgentes y claros de las Escrituras; y hazles que los aprendan y
que los repitan a menudo; para que así puedan encontrar razón y autoridad
divina en tus mandamientos; hasta que su obediencia comience a ser racional
y divina, de lo contrario será formal e hipócrita. Es la conciencia la que debe
vigilarles en lo privado, cuando tú no los mires; y la conciencia es el oficial de
Dios y no nuestra; y no les dirá nada hasta que les hable en el nombre de Dios.
Este es el camino para traer el corazón mismo a sujeción; y también para
reconciliarles a todos tus mandamientos, cuando vean que son, primero, los
mandamientos de Dios (de los cuales se derivan).
Directriz VI. En todas tus palabras acerca de Dios y de Cristo Jesús, y de las
santas Escrituras, o de la vida por venir, o de cualquier aspecto santo, habla
siempre con solemnidad, seriedad y reverencia, como de las cosas más
grandes y reverentes de lo Sagrado: pues antes de que los niños lleguen a
tener un entendimiento distintivo de puntos particulares, es un principio
esperanzador tener sus corazones poseídos con una reverencia general y alta
estima por las cosas santas; pues eso continuará asombrando a sus
conciencias, y les ayudará en sus juicios, y les establecerá contra el prejuicio y
el desprecio profanos, y será como una semilla de santidad en ellos. Pues el
temor de Dios es el principio de la sabiduría (Salmo 111:10; Prov. 9:10; 1.7). Y,
la mera manera en que los padres hablen y se conduzcan, expresando gran
reverencia por las cosas de Dios, tiene un gran poder para dejar una viva
impresión en un niño: la mayoría de los hijos de padres piadosos que alguna
vez vinieron a recibir el bien, estoy persuadido, pueden contarte acerca de esto
por su experiencia, (si sus padres hicieron su trabajo en este punto) que el
primer que bien que alguna vez sintieron sobre sus corazones, fue una
reverencia por las cosas santas, lo cual les fue enseñado por la forma de
hablar y de conducirse de sus padres.
Directriz VII. Hablad siempre delante de ellos con gran honor y alabanza de los
hombres y ministerios santos, y con vergüenza y aversión de todo pecado y de
los hombres impíos [2]. Pues esto también es una cosa que los niños recibirán
rápida y fácilmente de sus padres. Antes de que puedan entender doctrinas
particulares, ellos pueden aprender, en lo general, qué tipo de personas son
los más felices o los más miserables, y son muy capaces de recibir ya sea una
aprobación o desaprobación de esas cosas a partir del juicio de sus padres,
quienes tienen una gran influencia en todo el seguimiento tanto del bien como
del mal en sus vidas. Si tú les reflejas buenos y honorables pensamientos
sobre aquellos que temen a Dios, ellos, aún mucho después, estarán
inclinados a pensar lo mismo de ellos y a encontrar desagrado en aquellos que
hablan el mal y a los que predican ese mismo mensaje y desear para sí
mismos ser el tipo de Cristianos que vosotros alabáis; así que en este y en el
punto subsiguiente es que las primeras sacudidas de la gracia son sentidas de
manera ordinaria en los niños. Y, por el contrario, es una de las cosas más
perniciosas para los niños cuando escuchan a sus padres hablar de manera
despreciativa o superficial de las cosas y las personas santas y que de manera
irreverente hablan sobre Dios, la Escritura, la vida por venir, y hablan con
desprecio o con burla de los ministros o la gente piadosa, o que hacen bromas
de las labores particulares de una vida religiosa: estos niños están propensos
a recibir ese prejuicio y desprecio profano en sus corazones a una edad muy
temprana, lo que puede cerrar con candado las puertas contra el amor de Dios
y la santidad, y hacer de su salvación una obra de mucha mayor dificultad, y de
mucha menor esperanza. Y por lo tanto digo que los padres malos son los más
notables siervos del mal en todo el mundo, y los más encarnizados enemigos
de las almas de sus hijos. Más almas son maldecidas por padres impíos (los
más cercanos a ellos son los ministros y los magistrados impíos) que por
cualquier otro instrumento además del mundo. Y de esta manera es que
naciones enteras son extraviadas con enemistad contra los caminos de Dios;
las naciones paganas contra el Dios verdadero, y las naciones infieles contra
Cristo, y las naciones papistas contra la reforma y los adoradores espirituales:
porque los padres hablan maldad a sus niños transfiriéndoles sus propios
desagrados; y así les hacen ser poseedores de los mismos desagrados de
generación en generación. "¡Ay de los que a lo malo dicen bueno y a lo bueno
malo; que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo
por dulce y lo dulce por amargo!" (Isaías 5:20).
Directriz VIII. Que sea la parte principal de tus cuidados y labor en todo lo que
se refiere a la educación de ellos hacer que la santidad les parezca como el
estado de la vida más necesario, honorable, que trae verdaderos beneficios,
delicioso y amable; y hacerles notar que prescindir de la santidad es entrar en
inutilidad, falta de honor, algo dañino o inconfortable. Especialmente dirígelos
hacia el amor por la santidad representándola ante ellos como llena de amor. Y
por lo tanto comienza con aquello que es más fácil y más gratificante para ellos
(como la historia de la Escritura, y las vidas de los mártires, y de otros hombres
piadosos y algunas lecciones familiares cortas). Pues al restringirles del
pecado debes ir al más alto paso de primero, y no pensar traerles al punto más
alto permitiéndoles comenzar por el punto más bajo; (pues cada peldaño
capacita para más, y ningún peldaño será menos importante, y una reforma
general es la más fácil además de absolutamente necesaria); sin embargo, al
encargarles la práctica de hábitos religiosos debes irlos colocando por grados,
y ponerles sobre ellos no más de lo que sean capaces de llevar; ya se trate del
aprendizaje de doctrinas demasiado elevadas y espirituales para ellos, o
cuando el énfasis se coloca en determinado hábito ya sea en su calidad o
cantidad lo que puede ser una sobrecarga para ellos; pues si tú por una vez
vuelves sus corazones contra la religión, y la haces parecer una especie de
esclavitud o de vida tediosa para ellos, entonces has tomado el camino de
endurecerlos en contra de ella. Por lo tanto no todos los niños deben ser
dirigidos igual; así como todos los estómagos no deben ser forzados a comer lo
mismo. Si fuerzas a algunos a tomar tanto que luego viene el empacho llegarán
a aborrecer esa clase de carne por el resto de sus vidas. Sé que la naturaleza
misma, en tanto que corrupta, ya tiene una enemistad con la santidad, y sé
también que no por eso esta enemistad debe ser dejada a su antojo en los
niños; pero también se que las malas representaciones de la religión, y una
imprudente educación, es el camino para incrementarla y que la enemistad que
mora en el corazón, será vencida por el cambio de la mente y por el amor, y no
por la coerción que tiende a no reconciliar la mente por el amor. La total
habilidad de los padres por la santa educación de sus hijos consiste en esto, a
concebir la santidad como la vida más afable y deseable; lo cual es hecho al
representarla delante de ellos en palabras y en práctica, no solamente como lo
más necesario, sino también como lo de más provecho, honorable y delicioso.
Proverbios 3:17, "Sus caminos son caminos deleitosos; todas sus veredas,
paz".
Directriz IX. Habladle a menudo de la bajeza y pecaminosidad de la
sensualidad que busca solamente satisfacer la carne, y de la excelencia mayor
de los placeres de la mente que consisten en la sabiduría y en hacer el bien.
Pues tu cuidado principal debe ser salvarles de la complacencia de la carne; la
cual es no solamente en lo general la suma de cualquier iniquidad, sino
también aquella que en especial los niños son proclives a caer. Pues su carne
y sensaciones son tan rápidas como las de otros; y requieren no solamente la
fe, sino también una razón clara para resistirla; y así (además de su inclinación
natural) la costumbre de obedecer a los sentidos (para lo cual se requiere
fortaleza) sin la razón (la cual, encontrándose en un estado de infancia es casi
totalmente inútil) incrementa en mucho este pernicioso pecado. Por lo tanto
continua laborando para imprimir en sus mentes un odioso concepto de la vida
dedicada a complacer a la carne; háblales amargamente contra la glotonería,
la borrachera y el exceso de deporte; y que escuchen con frecuencia - o que
lean - la parábola del glotón y Lázaro en el capítulo 16 de Lucas; y que
memoricen textos como Romanos 8:1, 5-9, 13; 13:13, 14, y que los repitan a
menudo.
Directriz X. Para este fin, y también para la salud de sus cuerpos, mantén una
vigilancia estricta sobre sus apetitos (el cual no son ellos capaces de guardar
por sí mismos): guárdales en cuanto puedas sujetos a las reglas de la razón,
tanto en lo relativo a la cantidad como a la calidad de sus alimentos. Sin
embargo, diles la razón de tus restricciones, de lo contrario secretamente
lucharán para quebrantar esas fronteras. La mayoría de los padres que he
conocido, y que conocían de este punto, son culpables del gran dolor y peligro
de la salud de sus hijos y del estado de sus almas, por complacerles y
permitirles ser glotones con la carne y la leche. Si pudiera llamarles malvados y
asesinos de sus propios hijos pensarían que hablé con demasiada agudeza,
pero no les daría mayor ocasión para ello, pues lo son al destruir (en tanto que
ellos sean los responsables) las almas y los cuerpos de sus hijos. Destruyen
sus almas por acostumbrarlos a la glotonería, y a ser gobernados por sus
apetitos; lo cual toda la enseñanza del mundo apenas logrará algo sin la gracia
especial de Dios. ¿Qué es todo el vicio y la villanía del mundo sino la
complacencia de los deseos de la carne? Y cuando están habituados a esto
son enraizados en su pecado y miseria. También destruyen sus cuerpos al
permitirles complacer sus apetitos con frutas crudas y otras cosas peligrosas;
pero especialmente por inundar y abrumar la naturaleza con el exceso; y todo
esto es por medio de esa ignorancia, unida al auto-engaño, que les hace que
ellos mismos produzcan su propio derrumbe. Ellos piensan que su apetito es la
medida de su comer y beber, y que si beben excepto cuando están sedientos
(como algunos bebedores están de manera continua) y comen solo cuando
están hambrientos entonces esto no es exceso; y porque no se encuentran
enfermos actualmente, y no vomitan todo de nuevo, entonces piensan que lo
que han comido o bebido no les daña, sino que les hace bien. Les advierto, les
oirás decir lo que dice la gente demente, no les dañará comer y beber lo que
han programado; más bien esto les hará fuertes y saludables; no miro que
aquellos que se han sometido a dietas de manera estricta sean más saludables
que otros. Mientras hacen todo esto están llenando de cargas lo que es natural
y destruyendo la digestión, y viciando todos los humores (N.T. fluidos vitales)
del cuerpo, y convirtiéndolos en un botadero de flemas y suciedades; que es el
combustible que alimenta y aumenta la mayoría de todas las enfermedades
que después les afectan cuando aún están vivos; y que usualmente les traen a
un último fin (como lo he dicho con anterioridad, en la parte I, en las directrices
contra la glotonería). Por lo tanto, si amas las almas y cuerpos de tus hijos,
acostúmbrales a la temperancia desde la infancia, y no dejes que sus apetitos
o deseos desenfrenados, sino tu propia razón, sea el árbitro y la medida de la
dieta de ellos. Acostúmbrales a comer de manera reservada, de manera que
moderadamente satisfagan su apetito. Asegúrate que sus dietas sean medidas
por ti mismo, y no hagas que los sirvientes les den más, ni les permitas comer o
beber entre comidas o fuera de momento; así les ayudarás a vencer sus
inclinaciones sensuales y le darás a la razón el dominio de sus vidas; y harás,
con la ayuda del Señor, tanto como puedas para ayudarles a atemperar
saludablemente sus cuerpos, que será una gran bondad hacia ellos, y les
capacitará para sus responsabilidades toda su vida.
Directriz XI. En cuanto a los deportes y la recreación, que sean de tal tipo, y en
tal cantidad, como puedan ser necesarias para su salud y disfrute; pero no en
exceso como para distraer sus mentes de las cosas mejores, y les alejen de
sus libros y otras responsabilidades, ni a otras cosas que puedan tentarles
hacia la apuesta o la codicia. Los niños deben practicar el deporte conveniente
para la salud del cuerpo y la agilidad de la mente; de manera que el buen
ejercicio les hace bien a sus cuerpos, y el poco ejercicio más bien les adormila.
Las cartas y los dados, y otros deportes de ocio, son mayormente poco aptos y
tienden a dañar tanto el cuerpo como la mente. El tiempo que dediquen a los
deportes también ha de ser limitado, de manera que su juego no llegue a ser
su trabajo; tan pronto como lleguen a tener uso de razón y del lenguaje
entonces debiesen ser enseñados en cosas mejores, y no ser dejados a "hacer
nada" hasta los cinco o seis años, pues obtienen el hábito de malgastar su
tiempo en juegos. Los niños son capaces - aún en sus tempranas edades - de
aprender algo que les pueda preparar para más.
Directriz XII. Usa toda tu sabiduría y diligencia para sacar de raíz el pecado del
orgullo. Y para tal fin, no te complazcas (como es usual en algunos padres con
poco entendimiento) en hacerles jovencitos demasiado "finos" y luego decirles
y repetirles cuán "finos" y delicados ellos son; más bien encomienda la
humildad y la sencillez y habla con desprecio del orgullo y de la fineza
arrogante, para criar una aversión a estas cosas en sus mentes. Ayúdales a
aprender aquellos textos de la Escritura que hablan de cómo Dios resiste al
orgulloso, y de cómo ama y honra al humilde: cuando ellos vean a otros niños
que están finísimamente vestidos habla con ellos acerca de esto y muéstales
como esto puede más bien ser su vergüenza para que no deseen llegar a ser
como ellos. Habla contra la presunción y cualquier otra forma de orgullo sobre
las cuales son responsables: y sin embargo, dales el mérito por todo lo que
esté bien, pues eso eso es, en verdad, su debido reconocimiento y estímulo.
Directriz XIII. Háblales con bastante desprecio de la gallardía, la pompa, las
riquezas del mundo, del pecado del egoísmo y la codicia, y diligentemente
mantente vigilante con respecto a estas cosas. y todas aquellas que puedan
tentarles hacia ellas. Cuando ellos vean grandes casas, y la servidumbre, y la
gallardía, diles que estas cosas son la carnada del enemigo, para atraer a los
pobres pecadores a amar este mundo, de que pueden perder sus almas y el
mundo por venir. Cuéntales de cuánto el cielo se encuentra por encima de todo
esto; y que los amantes de este mundo nunca llegan allá, sino el humilde, el
sencillo y el pobre de espíritu. Cuéntales acerca del rico glotón de Lucas 16,
que se encontraba vestido de púrpura y de seda y disfrutaba de manjares cada
día, pero que cuando llegó al infierno no pudo obtener una gota de agua para
refrescar su lengua cuando Lázaro se encontraba en los goces del paraíso. No
hagas como los malvados, que atraen a sus hijos hacia la mundanalidad y la
codicia, al darles dinero y permitirles que jueguen y apuesten por dinero,
prometiéndoles que esto les hará ricos o delicados, y hablando elevadamente
de todos los que son ricos y grandes en el mundo; sino cuéntales de cuánto
más feliz es un creyente sencillo, y desecha todo lo que pueda tentar sus
mentes hacia la codicia. Cuéntales de cuán bueno es amar a sus hermanos
como a ellos mismos, y dar parte de lo que ellos tienen, y alabarles por esto; y
desaprobarles cuando tienen avidez por guardar y amontonar todo para sí
mismos: y todo cuanto hagamos será demasiado poco para curar este
pernicioso pecado. Enséñales textos como el Salmo 10:3, "Porque el malo se
jacta del deseo de su alma, Bendice al codicioso, y desprecia a Jehová".
Directriz XIV. Vigila de manera cercana sus lenguas, especialmente contra el
mentir, el poner trampas con el hablar, el lenguaje obsceno, y el tomar el
nombre de Dios en vano. Y perdónales faltas más livianas acerca de asuntos
más comunes mucho más pronto en comparación con estos anteriores
pecados contra Dios. Cuéntales de la odiosidad de todos estos pecados y
enséñales textos de la Escritura que de manera expresa los condenan; y nunca
los dejes pasar de manera superficial o hagas de esto algo liviano cuando los
encuentres culpables de ellos.
Directriz XV. Mantenles alejados tanto como se pueda de las compañías de
mala fama, especialmente de compañeros impíos de juego. Es uno de los
peligros más grandes para la ruina de los niños en el mundo; especialmente
cuando son enviados a las escuelas comunes: pues apenas habrá alguna de
estas escuelas que sea buena, pero sí hay muchos chicos rudos y enseñados
para la ruina impía; estos harán del hablar profano y sucio, lo mismo que de su
lenguaje obsceno y tramposo un asunto de presunción; además del pelear, del
juego con apuesta y del hablar burlesco, además del descuido por sus
lecciones y estudios; y harán escarnio de aquel que no haga lo que ellos
hacen, si es que no llegan a golpearlo y abusar de él. Y hay tal basura en la
naturaleza buscando a qué pegarse, que hay muy pocos niños que cuando
escuchan a otros tomar el nombre de Dios en vano, o cantar canciones
insinuantes e impropias, o hablar palabras sucias, o llamarse los unos a los
otros por nombres reprochables, rápidamente les imitan: y cuando has vigilado
sobre ellos en el hogar tan de cerca como sea posible, te encuentras que han
sido infectados en el exterior con tales vicios bestiales, de los cuales con
mucha dificultad son curados posteriormente. Por lo tanto que aquellos que
sean capaces, eduquen a sus hijos la mayor parte en casa, o en escuelas
privadas y bien ordenadas; y aquellos que no puedan hacer esto, deben ser
los más vigilantes sobre ellos, y encárgales que se asocien con los mejores; y
habladles de la odiosidad de estas prácticas, y de la perversidad de aquellos
que las usan; y hablad muy despreciativamente de tales niños impíos: y
cuando todo haya sido hecho, es una gran misericordia de Dios, si ellos no han
sido arruinados por la fuerza del contagio. Aquellos, por lo tanto que aventuran
a sus hijos a ir a las escuelas más rudas y a las compañías peligrosas, y
después de esto a Roma, o a otros países profanos o papistas, para aprender
las modas y costumbres del mundo, pretendiendo que, de otra manera ellos
serían ignorantes del curso del mundo, y mal enseñados, y no como otros de
su rango, pueden pensar de sí mismos y de sus propios razonamientos como
bien les parezca: por mi parte, preferiría hacer de mi hijo un limpiador de
chimeneas, (si tuviera alguno) que ser culpable de hacer tanto para defraudarle
o venderle al diablo.
Pregunta. ¿Pero, no es lícito para un hombre enviar a su hijo a viajar?
Respuesta: Sí, en estos casos.
1. En caso que él sea un Cristiano maduro y confirmado, esto es, que no esté
en peligro de ser pervertido, sino capaz de resistir a los enemigos de la verdad,
y de predicar el evangelio, o de hacer el bien a otros; y que además esté lo
suficientemente preparado como para invitarle.
2. O si él va en compañía de personas sabias y piadosas, y si tales son sus
acompañantes, y la probabilidad de que lo que gane sea mayor de lo que
pudiera ser su pérdida o peligro.
3. O si él va solamente a países religiosos, entre hombres más sabios y más
aprendidos que con los que ha conversado en el hogar y que tenga suficientes
motivos para su viaje.
Enviar personas jóvenes, inmaduras, sin experiencia entre personas papistas,
profanas y licenciosas (aunque quizás alguna persona moderada esté en
compañía de ellos) y esto sólo para ver los cálculos y modas del mundo, es
una acción que debiese alamar a cualquier cristiano que conozca la
depravación de la naturaleza humana, y la mutabilidad del joven, sus cabezas
aún no entrenadas, y la sutilidad de los engañadores, de lo contagioso que son
el pecado y el error, y del valor de un alma, y no harán como hacen algunos
conjuradores y brujos, aún vender un alma al diablo con la condición de poder
ver y conocer las modas del mundo; de lo cual, ah! puedo saber lo suficiente
como para apenar mi corazón, sin necesidad de viajar muy lejos para verlo. Si
algún otro país tiene más de Cristo y estuviese más cerca del cielo la invitación
es grande; pero si tiene más del pecado y del infierno, preferiría conocer el
infierno, y también los suburbios del mismo, por el mapa de la palabra de Dios,
que por ir allá. Y si tales niños al regresar no se vuelven los hijos confirmados
del diablo, y comprueban que la rebelión es la calamidad de su país y de la
iglesia, que agradezcan a la gracia especial, y no a sus padres o a sí mismos.
Ellos sobrevaloran esa vanidad que llaman educación, que arriesgará la
sustancia (aún la sabiduría, la santidad y la salvación celestiales) por ir tan
lejos en pos de una sombra vana.
Directriz XVI. Enseñad a vuestros hijos a conocer lo precioso que es el tiempo,
y no les toleres que malgasten una hora. Mantente a menudo hablándoles de
cuán preciosa cosa es el tiempo, y de cuán corta es la vida del hombre, y cuán
grande es su obra, y cómo nuestra vida duradera de gozo o de miseria
dependen de esta pequeña porción de tiempo: háblales duramente del pecado
de aquellos que malgastan su tiempo en juegos sin sentido; y mantén tu
vigilancia en todas sus horas, y no les permitas que pierdan el tiempo por
exceso de sueño, o exceso de juego o en cualquier otra forma; sino
involúcrales en alguna ocupación que sea digna del empleo de su tiempo.
Entrena a tus hijos en una vida de diligencia y trabajo, y acostúmbrales no a la
facilidad o a la holgazanería cuando estén jóvenes [3]. Nuestros vagabundos
mendigos, y muchos de entre la clase acomodada, arruinan completamente a
sus hijos por estos medios y especialmente el sexo femenino. A ellas
usualmente no se les entrena en su llamado, ni son ejercitadas en un empleo,
sino solamente en lo necesario para ornamentar y para la recreación, cuando
mucho; y por lo tanto no debiesen tener sino solo horas de recreación, las
cuales son solo una pequeña proporción de su tiempo. Así que, por el pecado
de sus padres muy temprano en sus vidas están involucrados en una vida de
holgazanería, la cual después es para ellos sumamente difícil de vencer; así
son enseñados a vivir como el cerdo o la lombriz solitaria que viven solamente
para vivir, y hacen muy poco bien en el mundo al vivir: levantarse, vestirse,
adornarse, tomar un paseo, y luego al almuerzo, y después a las cartas o los
dados, o a las charlas y pláticas vacías, o a algo de juego, o de visita, o a la
recreación, y después a la cena, y a platicar otra vez, y a la cama. Esta es la
lamentable vida de muchos que tienen grandes obligaciones para con Dios, y
muchos más grandes asuntos que hacer, si se les informara cuáles son. Y si
presentan algunas palabras de oración hipócritas y sin pasión piensan que han
pasado el día piadosamente; sí, la salud de muchos está completamente
arruinada, por tal educación holgazana y carnal. Así tal desuso de la vida les
incapacita para el movimiento y el ejercicio, los cuales son necesarios para
preservar su salud. Debiera mover nuestro corazón con lástima el ver cómo las
casas de muchos de la más alta alcurnia son parecidos a hospitales; y la
educación ha hecho, especialmente a las mujeres, como lisiadas, o enfermas o
postradas en cama; de manera que una parte del día que debiese ser invertida
en algún empleo beneficioso es pasado en cama, y el resto en hacer nada, o
peor que nada; y la mayor parte de su vida se vuelve miserable por las
enfermedades, de manera que si aún usan sus piernas para moverse de un
lugar a otro se quedan sin respiración, y son una carga para sí mismos, y
pocos de ellos viven poco más de la mitad de sus días. Además, pobres
criaturas, si sus propios padres no les hubieran traicionado entregándolos a los
pecados de Sodoma, el orgullo, la hartura de pan, la abundancia de pereza,
ellos podrían haber estado llenos de salud, y vivido como personas Cristianas
honestas, y sus piernas y brazos les pudieran haber servido para el uso, lo
mismo que para la integridad y el ornamento.
Directriz XVII. Que la corrección necesaria sea usada con discreción, de
acuerdo a las siguientes normas:
1. Que no sea tan irregular (si es necesario) como para dejarles sin temor, y
así hacer de la corrección algo sin efecto; y que no sea tan frecuente como
para desalentarlos, o producir en ellos un odio por sus padres.
2. Que sea diferenciado acorde con los diferentes temperamentos de vuestros
hijos; algunos son tan tiernos y apocados, y muy aptos para ser desalentados,
que muy poca o ninguna corrección puede ser lo mejor; y algunos son tan
endurecidos y obstinados que debe haber mucha y bastante aguda que los
aleje de la disolución y el desacato.
3. Que sea más por razón del pecado contra Dios (como el mentir, engañar con
las palabras, hablar sucio, profanidad, etc.) que por faltas relacionadas con tus
asuntos mundanos.
4. Corrígeles no con tus pasiones encendidas, pero permanece hasta que
perciban que estás calmado; porque de lo contrario pensarán que tu ira, más
bien que tu razón, es la causa de la corrección.
5. Siempre muéstrales la ternura de tu amor, y cuán poco dispuesto estás a
corregirles si es que se pudiera reformarlos de una manera más fácil; y
convénceles de que lo haces para su bien.
6. Haz que lean aquellos textos de la Escritura que condenan sus pecados, y
luego aquellos que te ordenan a ti que les corrijas. Como por ejemplo, si el
mentir fuera el pecado, vuélvelos primero a Prov. 12:22, "Los labios mentirosos
son abominables para Jehová, pero le complacen quienes actúan con verdad".
Y Prov. 13:5, "El justo aborrece la palabra mentirosa". Juan 8:44, "Vosotros
sois de vuestro padre el diablo... Cuando habla mentira, de suyo habla; porque
es mentiroso, y padre de mentira". Apocalipsis 22:15, "Mas los perros estarán
fuera... y todo aquel que ama y hace mentira". Y luego dirígelo hacia
Proverbios 13:24, "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo
ama, desde temprano lo corrige". Prov. 29:15, "La vara y la corrección dan
sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre". Prov. 22:15,
"La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la
corrección la alejará de él". Prov. 23:13, 14, "No rehúses corregir al muchacho;
Porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, Y librarás su
alma del Seol". Prov. 19:18, "Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas
no se apresure tu alma para destruirlo". Pregúntale si preferiría que le
descuidaras y así él continuara desobedeciendo a Dios, o si preferiría que le
odiaras y destruyeras su alma. Y cuando su razón sea convencida de la
sensatez de corregirle entonces ésta será mucho más exitosa.
Directriz XVIII. Que tu propio ejemplo enseñe a tus hijos que la santidad y la
vida centrada en lo celestial, y la pureza e inocencia de la vida y de la lengua,
es lo que tú deseas para ellos, tanto que lo aprendan como que lo practiquen.
El ejemplo de los padres es más poderoso con los niños, tanto para el bien
como para el mal. Si ellos te ven vivir en el temor de Dios esto hará mucho
para persuadirlos de que este es el curso más necesario y excelente para la
vida, y que ellos también deben hacer lo mismo; y si ven que vives una vida
carnal, de excesos e impía, y te oyen maldecir o jurar, o hablar suciedades o
con engaños, esto les estimulará tremendamente a imitarte. Si nunca les
habláis del bien, pronto llegarán a creer más en vuestras malas vidas que en
vuestras buenas obras.
Directriz XIX. Escoged tal llamado y curso de vida para tus niños, como el que
se ocupa diligentemente de la salvación de sus almas, como el que es digno de
su utilidad pública tanto para la iglesia como para el estado (N.T.: la vida civil).
No escojas un llamado que sea más inclinado a las tentaciones y a los
obstáculos para su salvación, aunque este llamado les haga ricos; sino un
llamado que les permita algo de solaz para hacer memoria de las cosas con
consecuencias eternas, y obtengan oportunidades para mejorar y para hacer el
bien. Si tienen que laborar como aprendices, o como sirvientes, en cuanto sea
posible, colócalos con hombres temerosos de Dios; y no con el tipo de gentes
que les endurezcan en sus pecados.
Directriz XX. Cuando tengan edad de casarse, y lo encuentres necesario,
ocúpate en facilitar para ellos amistades que les sean convenientes. Cuando
los padres se quedan demasiado tiempo con ellos, y no realizan sus
ocupaciones en esta área, sus hijos a menudo escogen por ellos mismos para
su propia ruina; pues escogen no por juicio, sino por afectos ciegos.
Habiéndoles pues dicho las responsabilidades comunes de los padres para
con sus hijos, paso ahora a decirles lo que pertenece particularmente a cada
padre; pero para evitar redundancia solamente desearía que recordárais
especialmente estas dos directrices:
1. Que la madre que aún esté presente cuando los hijos sean jóvenes que sea
muy diligente en enseñarles e inculcar en sus pensamientos cosas buenas.
Cuando los padres se encuentran lejos de casa, las madres tienen
oportunidades más frecuentes para instruirles, y continuar hablándoles de
aquello que es lo más necesario y de vigilar sobre ellos. Este es el servicio más
grande que la mayoría de mujeres pueden hacer para Dios en el mundo: más
de una iglesia que ha sido bendecida con un buen ministro puede agradecer la
piadosa educación de las madres; y muchas de las miles de almas en los cielos
pueden agradecer el cuidado santo y diligente de las madres, como el primer
medio efectivo. De esta manera las buenas mujeres (por medio de la buena
educación de sus hijos) son de manera ordinaria grandes bendiciones tanto
para la iglesia como para el estado. (Y así algunos entienden I Timoteo 2:15,
en la frase "engendrando hijos", significando educar hijos para Dios; pero yo
más bien pienso que se refiere a María dando a luz al Cristo, la simiente
prometida).
2.Por todos los medios haced que los niños sean enseñados a leer, sea que
seas demasiado pobre, estando dispuestos a hacer cualquier ajuste; de lo
contrario los privas de una ayuda singular para su instrucción y salvación. Es
sumamente lamentable que una Biblia pudiera llegar a significar algo más que
una muesca a una criatura racional, como para llegar a leerla por sí mismos: y
que tantos libros excelentes que hay en el mundo para ellos se encuentren
como sellados o permanezcan totalmente insignificantes.
Pero si Dios no te concede hijos, y te ahorra todo este cuidado y labor, no te
aflijas, sino muéstrate agradecido, pensando que esto es lo mejor para ti.
Recuerda de cuánta cantidad de trabajo, y de dolores, y de congojas del
corazón Él te ha liberado, y cuán pocos corren con éxito cuando los padres han
hecho su mejor esfuerzo: qué vida de miseria es ésta a través de la cual los
niños deben de pasar, y de cuán triste el temor de su pecado y su condenación
hubiesen sido para ti.
Fin
[ 1 ] Véase mi Tratado para el Bautismo de Infantes.
[ 2 ] Isa 3:7-9; Salmo 15:4; 101; 10:2-4.
[ 3 ] Era una de las leyes Romanas de las doce tablas, "Filius arte carens,
patris incuria, eidem vilae necessaria de praestato. Alioqui parentes nutrire
cogitor". Un hijo al que no se le enseña un oficio por el cual vivir, no será
obligado a mantener a sus padres en tiempo de necesidad, pero otros sí
tendrán que hacerlo. Ezequiel 16:49.