LAS RESPONSABILIDADES ESPECIALES DE LOS HIJOS HACIA SUS
PADRES

Nota: "Aunque no estemos de acuerdo con el bautismo de los infantes, no obstante acostumbramos
la presentación de los niños, y considero que la misma debería llevarnos a una verdadera
conciencia de la que implica dicha dedicación." René Mejía Vides.

Por Richard Baxter

De las Obras Prácticas de Baxter, Vol. 1, Un Directorio Cristiano,

Sobre la Economía Cristiana, Cap. XI., pp. 454-457

Aunque los preceptos a los hijos no tienen tanta fuerza para ellos hasta cuando son de edad más madura,
debido a su incapacidad natural, y sus pasiones y placeres infantiles que adormecen su débil grado de razón;
no obstante, algo ha de decírseles, porque esa medida de razón que tienen ha de ejercitarse, y por el ejercicio
han de mejorar: y debido a que incluso aquellos de años más maduros, aunque tengan padres, deben conocer
y cumplir sus responsabilidades para con ellos; y porque Dios acostumbra bendecir incluso a los niños mientras
realizan sus responsabilidades.

Directriz I. Asegúrate de que amas mucho a tus padres; deléitate de estar en su compañía; no seas como esos
hijos antinaturales, que prefieren mejor la compañía de sus frívolos compañeros de juego que la de sus padres,
y estar dedicados a sus deportes en algún campo alejado de casa que a la vista de sus padres. Recuerda que
tienes tu ser desde y por ellos, y has salido de sus lomos: recuerda cuánta pena les has costado, y cuanto
cuidado tienen por tu educación y provisión; y recuerda cuán tiernamente te han amado, y cuanta pena sería
para sus corazones si te descarrías, y cuánto tu felicidad les hará a ellos estar contentos: recuerda cuánto amor
les debes tanto por naturaleza como por justicia, por todo su amor para ti, y por todo lo que han hecho por ti:
ellos toman tu felicidad o miseria como una de las partes más grandes de la felicidad o miseria de sus propias
vidas. No los prives entonces de su felicidad, al privaros vosotros mismos de la vuestra; no hagas sus vidas
miserables, arruinándote a ti mismo. Aunque ellos te reprendan, y te restrinjan, y te corrijan, no minimices, por lo
tanto, tu amor por ellos. Pues esta es su responsabilidad, la cual Dios requirió de ellos, y la hacen para vuestro
bien. Es señal de un niño malvado el que ama menos a sus padres debido a que le corrigen, y no le dejan hacer
su propia voluntad. Sí, aunque vuestros padres tienen ellos mismos muchas faltas, no obstante debes amarles
todavía como tus padres.

Directriz II. Honra a tus padres, tanto en tus pensamientos, como en tu forma de hablar y conducta. No pienses
de manera deshonrosa o desdeñosa acerca de ellos en vuestros corazones. No hables deshonrosamente, o de
forma grosera, irreverente o descarada ya sea a ellos o acerca de ellos. No os comportéis de forma grosera o
irreverente ante ellos. Sí, aunque vuestros padres nunca sean tan pobres en el mundo, o débiles de
entendimiento, sí, aunque sean impíos, debes honrarles a pesar de todo esto; pues aunque no puedas
honrarles como ricos, o sabios, o piadosos, debéis honrarles como vuestros padres. Recordad que el quinto
mandamiento tiene una promesa especial de bendición temporal; “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus
días se alarguen en la tierra.” Y consecuentemente quienes deshonran a los padres tienen una maldición
especial aún en esta vida: y la justicia de Dios se ve ordinariamente en la ejecución de ella; quienes desprecian
y deshonran a sus padres raras veces prosperan en el mundo. Hay cinco clases de pecadores que Dios
acostumbra tomar con venganza incluso en esta vida.

Quienes cometen perjurio y falso testimonio.
Los asesinos
Los perseguidores
Los sacrílegos, y
Quienes abusan y deshonran a sus padres.

Recordad la maldición de Cam, Gén. 9:22, 25. Es algo espantoso ver y escuchar como algunos hijos malcriados
hablan con desdén y con rudeza a sus padres, y riñen y contienden con ellos, y les contradicen, y les hablan
como si fueran sus iguales: (y es bastante común que los padres mismos les hayan criado de esta manera) y
por último crecerán incluso hasta abusar de ellos y denigrarles. Lee Prov. 30:17, “El ojo que escarnece a su
padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del
águila.”

Directriz III. Obedeced a vuestros padres en todas las cosas (las que Dios no prohíba). Recordad que como la
naturaleza les ha hecho a vosotros no aptos para gobernarse a vosotros mismos, así Dios, en lo natural, ha
provisto afortunadamente gobernadores para vosotros. Aquí primero os voy a decir qué es la obediencia, y
luego decirles porqué debéis ser obedientes.

Obedecer a vuestros padres es hacer lo que ellos os manden, y abstenerse de aquello que ellos os prohíban,
porque es la voluntad de ellos que vosotros hagáis así. Debéis,

Tened en vuestras mentes un deseo por complacerles, y estad contentos cuando podáis complacerles, y sentid
pena cuando les ofendieren; y entonces,

No debéis colocar vuestro ingenio o vuestra voluntad en contra de la de ellos, sino obedecer de buena gana sus
mandamientos, no de mala gana, murmurando o disputando: aunque penséis que vuestro propio camino es el
mejor, y que vuestros propios deseos son razonables, no obstante vuestro ingenio y voluntad han de estar
sujetos a los de ellos, o sino, ¿cómo les obedecéis?

Y para las razones de vuestra obediencia:

Considera que es la voluntad de Dios que esto deba ser así, y que Ėl les ha hecho a ellos como sus oficiales
para gobernaros; y al desobedecerles, le desobedeces a Ėl. Lee Efesios 6:1-3, “Hijos, obedeced en el Señor a
vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con
promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” Col. 3:20, “Hijos, obedeced a vuestros
padres en todo, porque esto agrada al Señor.” Prov. 23:22, “Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando
tu madre envejeciere, no la menosprecies.” Prov. 13:1, “El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el burlador
no escucha las reprensiones.” Prov. 1:8, 9, “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la
dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello.”

Considera también que el gobierno de tus padres como necesario para tu propio bien; es un gobierno de amor:
como vuestros cuerpos hubieran perecido, si vuestros padres o algunos otros no os hubiesen cuidado, cuando
no podíais ayudaros a vosotros mismos; de la misma forma vuestras mentes permanecerían ingenuas e
ignorantes, incluso como los brutos, si no tuvieseis a otros para enseñaros y gobernaros. La naturaleza enseña
a los pollitos a seguir a la gallina, y a todas las cosas cuando son jóvenes, a ser guiadas o dirigidas por sus
madres; o sino, ¿qué sería de ellos?

Considerad también que ellos deben rendir cuentas a Dios por vosotros; y si ellos os dejan a vosotros mismos,
puede ser su destrucción lo mismo que la vuestra, como el triste ejemplo de Elí les recuerda. Por lo tanto, no os
rebeléis contra aquellos que Dios por naturaleza y por la Escritura ha establecido sobre vosotros; aunque el
quinto mandamiento requiere obediencia a los príncipes, y a los maestros, a los pastores, y a otros superiores,
no obstante nombró solamente a vuestro padre y madre, porque ellos son los primeros de todos vuestros
gobernadores, a quienes por naturaleza estáis más obligados.

Pero quizás digáis, que aunque los niños pequeños deben ser gobernados por sus padres, no obstante
vosotros ya estáis creciendo hacia una edad más madura, y sois lo suficientemente sabios para gobernaros
vosotros mismos. Respondo, Dios no piensa así; de otra forma se hubiera desmandado al establecer
gobernadores sobre vosotros. ¿Y eres tan sabio como debieras? No son sino pocos en el mundo quienes son lo
suficientemente sabios como gobernarse a sí mismos; de otra forma Dios no hubiese establecido príncipes, y
magistrados, y pastores, y maestros sobre ellos, como lo ha hecho. Los sirvientes de la familia son de tanta
edad como vosotros, y no obstante son incapaces de ser gobernantes de ellos mismos. Dios les ha amado tanto
como para no dejarles sin maestros, sabiendo que la juventud es precipitada y sin experiencia.

Pregunta. Pero, ¿por cuánto tiempo han de estar los hijos bajo el mandamiento y gobierno de sus padres?

Respuesta. Hay muchos actos y grados del gobierno de los padres, según los varios fines y usos de él. Algunos
actos de su gobierno no son sino para enseñaros a ir y hablar, y algunos para enseñaros vuestro trabajo y
llamado, y algunos para enseñaros buenas maneras, y el temor del Señor, o el conocimiento de las Escrituras, y
algunos son para estabilizaros en un curso de vida tal, en el que ya no necesitaréis su más cercana supervisión.
Cuando cualquiera de estos fines sea plenamente alcanzado, y tengáis todo aquello que el gobierno de
vuestros padres pueda ayudaros a tener, entonces has pasado esa parte de su gobierno. Pero todavía les
debéis, no solo amor, y honor y reverencia; sino obediencia en todas las cosas en las que están todavía
asignados para tu ayuda y guía: incluso cuando ya estéis casados, aunque tengáis una propiedad en vuestra
propia hacienda, y ya no estén tan estrictamente a cargo tuyo como antes; no obstante, si te ordenan hacia tus
responsabilidades para con Dios o ellos, todavía estáis obligados a obedecerles.

Directriz IV. Estad contentos con la provisión de vuestros padres para vosotros, y con lo que ellos dispongan. No
murmuréis rebeldemente en contra de ellos, ni os quejéis de cómo os utilicen; mucho menos toméis alguna cosa
contra sus voluntades. Es la parte de un rebelde carnal, y no la de un hijo obediente, estar descontento y
murmurar porque no gozan de una fortuna mejor, o porque se les restringe de los deportes y el juego, o porque
no tienen mejores ropas, o porque no se les proporciona dinero, para gastar o usar a su propia discreción. ¿No
estáis vosotros bajo gobierno? ¿Y el gobierno de los padres, y no de los enemigos? ¿Son vuestras pasiones y
placeres más aptas para gobernaros, que la discreción de vuestros padres? Sed agradecidos por lo que tenéis,
y recuerda que no lo merecéis, sino que lo tenéis libremente: es vuestro orgullo o vuestra sensualidad carnal lo
que los hace murmurar de esta manera, y no alguna sabiduría o virtud que halla en vosotros. Rebajad ese
orgullo y mente carnal, y entonces no seréis tan impacientes para hacer vuestras voluntades. ¿Qué si vuestros
padres os hayan tratado con demasiada rudeza, en vuestros alimentos, o vestidos, o gastos? ¿Qué mal les ha
hecho esto? Nada sino una mente egoísta y sensual haría de esto un asunto de gran importancia. Es cien veces
más peligroso para vuestras almas y cuerpos el ser criados de manera suntuosa, y alimentados demasiado y
exquisitamente, que el ser criados con privaciones, y alimentados con limitaciones. Uno tiende al orgullo, a la
glotonería, a la testarudez, al derribo de la salud y la vida; y lo otro tiende hacia una vida humilde, mortificada, a
la auto-negación, y a la salud y buena condición del cuerpo. Recordad como la tierra se abrió, y se tragó a
todos aquellos rebeldes murmuradores que sintieron envidia de Moisés y de Aarón, Núm. 16; leedlo, y aplicadlo
a vuestro caso; y recordad la historia del rebelde Absalón; y la necesidad del pródigo, Lucas 15; y no desead
estar a vuestra propia disposición; ni en mostraros apasionados por tener cumplidos los vanos deseos de
vuestros corazones. Mientras os sometáis con contentamiento a vuestros padres, estáis en el camino de Dios, y
puedes esperar su bendición; pero cuando por vuestra voluntad queráis ser escultores de vosotros mismos,
podéis esperar el castigo de los rebeldes.

Directriz V. Humillaos a vosotros mismos y someteos a cualquier trabajo que vuestros padres os asignen. Ten en
cuenta, en tanto améis vuestras almas, no vaya a ser que un corazón orgulloso os haga murmurar y decir, este
trabajo es demasiado bajo, infame y monótono para mí; o que no pase que una mente y un cuerpo perezosos
les hagan decir, este trabajo es demasiado duro y fatigante para mi; o que una mente tonta y simple os haga
cansarse de vuestro libro y trabajo, de manera que preferiríais estar en vuestros deportes, y decir, esto es
demasiado tedioso para mi. Es poco o ningún daño el que probablemente os ocurra por vuestro trabajo y
diligencia; pero es una cosa peligrosa el obtener un hábito o costumbre de holgazanería y voluptuosidad en
vuestra juventud.

Directriz VI. Estad dispuestos y agradecidos de ser instruidos por vuestros padres, o por alguno de vuestros
maestros, pero especialmente acerca del temor de Dios, y los asuntos de vuestra salvación. Estos son los
asuntos para los cuales nacisteis y vivís; estas son las cosas que vuestros padres tienen primero a cargo en
enseñaros. Sin conocimiento y santidad todas las riquezas y los honores del mundo no valen de nada; y todos
vuestros placeres no harán mas que destruiros.1 ¡Oh, qué alivio es para los padres entendidos el ver a sus hijos
dispuestos a aprender, y a amar la palabra de Dios, y a guardarla en sus corazones, y hablar de ella, y
obedecerla, y prepararse temprano en la vida para la vida eterna! Si tales hijos mueren antes que sus padres,
cuán gozosamente pueden partir con ellos hacia los brazos de Cristo, quien ha dicho, “De los tales es el reino
de los cielos,” Mat. 19:14. Y si los padres mueren primero, cuán gozosamente pueden dejar tras de ellos una
simiente santa, que servirá a Dios en su generación, y les seguirá al cielo, y vivirá con ellos para siempre. Pero,
sea que vivan o mueran, que angustiantes para los padres son los hijos impíos, que no aman la palabra y el
camino de Dios, y no aman ser enseñados o restringidos de sus propios rumbos licenciosos.

Directriz VII. Someteos pacientemente a la corrección que vuestros padres os apliquen. Tened en cuenta que
Dios les ha mandado a hacer esto, y a salvar vuestras almas del infierno; y que les odian si no les corrigen
cuando haya una causa; y que no deben pasar por alto la corrección por causa de vuestro llanto, Prov. 13:24;
22:15; 29:15; 23:13, 14; 19:18. No es su deleite, sino para vuestra propia necesidad. Evita la falta, y podrás
escapar de la corrección. ¡Cuánto mejor es que vuestros padres os vean obedientes, que oírles llorar! No es el
deseo de ellos, sino de vosotros mismos, el que seáis corregidos. Enojaos con vosotros mismos, y no con ellos.
Es un hijo malo, aquel que en lugar de ser mejor por la corrección, odia a sus padres por ello, y se hace peor.
La corrección es un medio para el equipamiento de Dios; por lo tanto, id a Dios sobre vuestras rodillas en
oración, y suplicadle que os bendiga y santifique, para que pueda la corrección haceros bien.

Directriz VIII. No escojáis vuestras propias compañías, sino usa tales compañías como tus padres lo señalen. La
mala compañía es la primera ruina de un niño. Cuando por el amor al deporte escogéis tales compañeros de
juegos, que son holgazanes, y licenciosos, y desobedientes, y que os enseñarán a maldecir, a decir palabrotas,
a mentir, a hablar de manera obscena, y a alejaros de tus libros y responsabilidades, esta es la carretera del
diablo al infierno. Vuestros padres son los más aptos para escoger vuestra compañía.

Directriz IX. No escojáis vuestro propio llamado u oficio en la vida, sin la selección o consentimiento de vuestros
padres. Podéis decirles hacia qué estáis más inclinados, pero pertenece más a ellos que a tí el hacer la
escogencia; y es vuestra parte el traer vuestras voluntades a las de ellos. A menos que vuestros padres escojan
un llamado para vosotros que sea ilegal; entonces podéis (con humilde sumisión) rehusarlo. Pero si fuese
solamente inconveniente, tenéis la libertad después de cambiarlo por uno mejor, si podéis, cuando estéis bajo
su disposición y gobierno.

Directriz X. No os caséis sin el consentimiento de vuestros padres. Y, si se puede, deja que su elección
determine primero a la persona, y no por vosotros mismos: los jóvenes inexpertos escogen por el capricho y la
pasión, en tanto que vuestros experimentados padres seleccionan por el juicio. Pero si ellos os forzaran a unirse
a aquellos que son impíos, y gustan de hacer vuestras vidas o pecaminosas o miserables, puedes humildemente
rehusarles. Pero debéis permanecer sin casaros, mientras por el uso de los medios correctos podéis vivir en
castidad, hasta que vuestros padres tengan un mejor espíritu. Pero si en verdad tenéis una necesidad llana de
casaros, y vuestros padres no consentirán a nadie excepto alguno de una religión falsa, o alguien que es
totalmente no idóneo para ti, en tal caso pierden su autoridad en ese punto, que les es dada para su edificación,
y no para vuestra destrucción; entonces debieseis tomar consejo con otros amigos que sean más sabios y
fieles: pero si experimentáis un gran sufrimiento en vuestros afectos por contradecir la voluntad de vuestros
padres, y fingís una necesidad, (que no podéis cambiar vuestros afectos), como si vuestra locura fuera
incurable; esto no es sino entrar pecaminosamente en aquel estado de vida, que debiese haber sido santificado
para Dios, para que Él la haya bendecido para ti.

Directriz XI. Si vuestros padres estuviesen en necesidad, es vuestra responsabilidad proveerles alivio según sea
vuestra habilidad; sí, y hasta mantenerles totalmente, si hubiese necesidad. Pues no es posible que por medio
de todo lo que podéis hacer, que incluso les pongáis estipulaciones, o condiciones con respecto a pagos; o que
alguna vez les pidáis devolución por lo que habéis recibido de ellos. Es inhumanidad infame, cuando los padres
se hunden en la pobreza, el que los hijos les hagan a un lado con alguna subvención escasa, o que les hagan
vivir casi como sus sirvientes, cuando tenéis riquezas y abundancia para vosotros mismos. Vuestros padres
debiesen todavía ser considerados por vosotros como vuestros superiores, y no como inferiores. Aseguraos de
que se alimenten bien; sí, aunque no obtengáis vuestras riquezas por sus medios, pues incluso para vuestro ser
vosotros sois sus deudores por más que eso.

Directriz XII. Imitad a vuestros padres en todo lo que es bueno, tanto cuando están vivos o cuando estén
muertos. Si fueron amantes del Señor, y de su palabra y su servicio, y de aquellos que le temen, que su ejemplo
os incite, y que el amor que les tenéis, os estimule a ocuparos en esta imitación. Un hijo malvado de padres
piadosos es una de las miserias más deplorables en el mundo. ¡Con qué horror miro a tal persona! ¡Cuán cerca
del infierno está ese miserable! Cuando el padre o la madre fueron eminentes por la piedad, y diariamente le
instruían en los asuntos de su salvación, y oraban con ellos, y les amonestaban, y oraban por ellos, y después
de todo esto los hijos prueban ser codiciosos o borrachos, o lascivos, o profanos, y enemigos de los siervos de
Dios, y se mofan o desatienden el camino de sus religiosos padres, le debe poner a temblar a uno el ver a tales
miserables a la cara. Pues aunque hay alguna esperanza para ellos, ¡ay!, es tan poca, que están próximos a la
desesperación; cuando son como una mecha endurecida a los medios más excelentes, y la luz les ha cegado, y
su conocimiento de los caminos del Señor no ha sido vuelto sus corazones en Su contra, ¿qué medios quedan
para hacer el bien a tales resistidores de la gracia de Dios como estos? Lo más probable es algún juicio pesado
y espantoso.

¡Oh, qué día más lamentable será para ellos, cuando todas las oraciones, y lágrimas, y enseñanzas, y buen
ejemplo de sus religiosos padres testifiquen en su contra! ¡Cómo serán confundidos delante del Señor! ¡Y cuán
triste – pensamos que es para el corazón de los padres santos y diligentes, pensar que todas sus oraciones y
dolores deban testificar en contra de sus hijos carentes de gracia, y hundirles más profundo en el infierno! Y no
obstante, ¡cuántos son ya un lamentable espectáculo ante nuestros ojos! ¡Y cuán profundamente sufre la iglesia
de Dios por la malicia y maldad de los hijos cuyos padres les enseñaron bien, y caminaron delante de ellos con
una vida santa y ejemplar! Pero si los padres fuesen ignorantes, supersticiosos, idólatras, papistas, o profanos,
los hijos están lo suficientemente dispuestos a imitarlos. Entonces pueden decir, ‘nuestros antepasados fueron
de este parecer, y esperamos que sean salvos’; más bien les imitaremos, antes que a innovadores reformadores
como vosotros. Como le dijeron a Jeremías, Cap. 44:16-18, “La palabra que nos has hablado en nombre de
Jehová, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra
boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y
nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y
tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. Mas desde que dejamos de ofrecer
incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de  de los Baales (la falsa
adoración), según les enseñaron sus padres.” Jer. 9:14. “¿No piensan cómo hacen que mi pueblo se olvide de
mi nombre con sus sueños que cada uno cuenta a su compañero, al modo que sus padres se olvidaron de mi
nombre por Baal?” Jer. 23:27. “ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día.” Eze. 2. “pero
no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.” Jer. 7:26.

De esta manera pueden imitar a sus antepasados en el error y el pecado, cuando debiesen más bien recordar, I
Ped. 1:18, 19, que le costó a Cristo su sangre “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de
vivir, la cual recibisteis de vuestros padres.” Y debiesen confesar de manera penitente, como Dan. 9:8, “Oh
Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres;
porque contra ti pecamos,” ver. 16. Y como el Salmo 106:6, “Pecamos nosotros, como nuestros padres,” Dijo el
Señor, Jer. 16:11-13, “Porque vuestros padres me dejaron, dice Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos,
y los sirvieron, y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí y no guardaron mi ley; y vosotros habéis hecho peor
que vuestros padres; porque he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación de su malvado
corazón, no oyéndome a mí. Por tanto, yo os arrojaré de esta tierra.” Jer. 44:9, 10, “¿Os habéis olvidado de las
maldades de vuestros padres, de las maldades de los reyes de Judá, de las maldades de sus mujeres, de
vuestras maldades y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de Judá y en las calles de
Jerusalén? No se han humillado hasta el día de hoy.” Véase el ver. 21, y Zac. 1:4, “No seáis como vuestros
padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos
ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová.”
Mal. 3:7, “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a
mí, y yo me volveré a vosotros.” Eze. 20:18, “No andéis en los estatutos de vuestros padres.” Así también los
ver. 27, 30, 36. No sigáis a vuestros padres en su pecado y error, sino seguidles donde ellos sigan a Cristo, I
Cor. 11:1.

1 Léase el pequeño libro de Thomas White para los niños pequeños. Marcos 9:36; 10:14, 16.

2 Queriendo significar que esta mecha no se encenderá a pesar del combustible de excelente calidad. (N. del T.)